Me hallé sola en la vida de repente, viendo al amor cerrándome la

puerta, sangrando el alma por la herida abierta, la soledad

besándome en la frente. Fui amada, y aún lo soy, quizá fielmente,

pero está su pasión dormida o muerta; la mía está febrilmente

despierta; su instinto frío, pero el mío ardiente.

Tengo un ansia feroz de ser amada, de entregarme y soñar entre

los brazos de un amante, con ciega intensidad. Pero esta

abrasadora llamarada no alcanza a incinerar los fuertes lazos que

me amarran a la inmovilidad.